miércoles, 19 de febrero de 2020

Eugenia Sánchez Nieto y Otros Apuntes - Raúl Mejía


Debo aclarar que este libro no fue antología personal, fue un libro nuevo con poemas hasta el momento inéditos o publicados ocasionalmente en alguna revista. ESN                                                      





REFLEXIONES VARIAS  

                             
                                                                                  Raúl Mejía Restrepo                       


I

Antaño, sin ir demasiado atrás, se solían ofrecer libros a destacados sujetos, sean mecenas, aristócratas, militares, religiosos, etc.; en suma, a quienes tuvieran poder. No creo que haya variado mucho: abierta y soterradamente sigue ocurriendo. El asunto de que alguien con prestigio -por supuesto- realice prólogo o reseña, suele actuar como gancho o, escuetamente, evidencia de que existe “al menos” alguien que sí leyó lo que aparece impreso. ¿Hacen falta dichos expertos? Hasta donde sé escasean o reciben atractivo pago, convirtiéndose en discutible especie de “mercenarios” de la crítica. El que uno mismo lo haga, salvo si eres Borges, funciona poco si solo te conocen en centrales de riesgo o archivos de la fiscalía. Vale que, en casos célebres, se cuenten con varios candidatos, ejemplo: ¿quién no quisiera ofrecerse como prologuista de, digamos, la truculenta Pizarnik o la enajenada Miss. Dickinson? Esto para no asomarse al vanidoso panorama de las vacas sagradas de nuestra literatura. Es un lío y peor si te allegas al ensayo con respecto a la obra parcial o total de un escritor, sin importar demasiado que sea mujer, hombre o combinación de ambos. Hay jerarquías de doctos, empero, aún para ellos, el espacio es reducido, casi universitario a modo de tesis o afines.


II


Eugenia Sánchez Nieto aparece, con méritos, en múltiples antologías. Antologías hechas desde hace años y, a no dudar, seguirán teniendo en cuenta sus poemas en sucesivas. ¿Traducciones?  Tal vez … El asunto de la traducción es paradójico, supe de un personajillo, “monaguillo” recién le han acuñado, que publicó libelo en español e inglés, infiriéndose que, a lo mejor, en ese otro idioma exista algo de poesía, puesto que en su lenguaje nativo es inencontrable. Ah caray, prebendas del elogio, vistiéndose cual árabe sin petróleo o cacique montaraz, convidando a recitales, auto invitándose a otros, mientras exótico tarot oculta su carta de mediocre.
Eugenia Sánchez ha elaborado para aparecer en selectiva lista de la universidad “Externado”, también en llamativa serie “50 POETAS COLOMBIANOS Y UNA ANTOLOGÍA”, de la cual recibí ejemplar suyo. Posee blog notable, allí se vislumbra un menos sospechoso listado de vates. Actriz, docente y partícipe de variopintos eventos literarios. Datos biográficos en vida son fácilmente rastreables, ¿se convierten en “necesarios” para hacerse a un lugar de privilegio en el “infinito” parnaso colombiano? De hecho, el vocablo “infinito” (y variantes) es torpe, lleno de lastres. ¿Parnaso colombiano? ¡Agh! A todas estas, ¿será asequible dicho “Olimpo” lírico? La fila para hacer parte de él es, diablos, como la palabreja de marras, “infinita”. ¿Es Eugenia Sánchez poeta importante, esencial? Complicado hacerse a calificativos y desentonar con ellos, pudieran ser analogía de desastroso maquillaje. ¿Ayudan vasta bibliografía, premios? Vaya uno a saber, habitamos presente conspicuo, limitados por el tiempo. “Tiempo”, él sabrá que adjetivos acuñará ante la poética de Eugenia.


III


Categorizaciones, clasificaciones en poesía son peligrosos. Innegables ultrajes se han cometido con respecto a la participación de la mujer en la cultura, literatura. ¿Tiene género el poema? ¿Es viable proseguir con aquello de poesía femenina y/o masculina? Discusión con talante de exponencial hacia lo absurdo, fanático, burlesco. Si se admitiese tal distinción, ¿no tendrían cabida poesía hermafrodita, lésbica (que la hay), homosexual (¡sí que la hay!), casta, depresiva, tóxica? Sin mencionar tanta religiosa, social, en fin … ¿Es más poeta la hembra o el macho? ¿Cómo saberlo? De nuevo referentes históricos, permeados de hostigamiento hacia lo femenino; entonces, ¿es válido hacer listados de poetas colombianas y poetas colombianos? “Si” y “no” dirían allí, responderían allá. Ahora es un embrollo irse lanza en ristre contra ciertos conglomerados haciendo acopio de posturas misóginas pues, como al taxista impertinente, el linchamiento mediático sería contundente. ¿Revolución lírica femenina, independencia, reivindicación?
No creo en listados, su inmediato significado tiende a abrumar con cantidades y estas son desesperantes, salvo que sean dinero e incluso … ¿Qué listado es completo? Errar el hacerlo, horror al dejar por fuera a X, Y o Z. No es necesario redescubrir lo caluroso del sol al repetir lo dicho: “demasiados poetas y muy poca poesía”, no solo en aquel “infinito parnaso local”, sino en todo el planeta, desde siempre. Muy pocos poetas, poquísimos y, sin embargo, estos listados sobrepasan millones de nombres, ¿por qué? Las matemáticas no son muy líricas, pero aportan cifras de espanto: ¡cientos de miles, millones de bardos del pasado, presente, futuro! ¿Es posible? Si, muy posible. Sentirse a solas, poco, desconocido, pudiera provocar depresiones; entre versos, publicaciones, el anonimato es terrible, retador. En retahíla de aburrido docente de literatura, “enseñar” que antes de la imprenta cualquier divulgación era complicada e incluso en los primeros años de la imprenta. Ahora no, menos cuando puedes publicar (si es que es esa la palabra correcta) folleticos con valor neto de $800, inferior al costo de un tinto de regular calidad; que sea acto fallido de “fallidos editores” es otra cosa, pero “he ahí tu libro, carta de presentación como poeta, narrador”. Así de fácil. Ya no se usan papiros, piel de cordero, códices elaborados o pesados lingotes de plomo, la tecnología ha abierto caja de pandora de la obviedad, facilidad editorial y helos, libros, libros por doquier.



IV


En gentil trueque, recibí de la poeta su antología personal “DOMINIOS CRUZADOS”, de la colección “Caza de Libros”, primera edición año 2010, ochenta páginas. En la portada foto de la autora, rostro sereno, mirada atenta. En la contraportada palabras del escritor y traductor Rafael Patiño Góez. En primera de las solapas leemos datos biográficos, estudios, premios y bibliografía. En segunda solapa índice alfabético de aedos. La selección de poemas abarca estos títulos: I. Lo que oculta el espejo. II. Belleza partida. III. Ventura del deseo, en total sesenta y cuatro poemas. Desde esa fecha de aparición al presente han transcurrido diez años, si existe o hubiese segunda edición, se aunarían otros textos, probables correcciones y como suele acaecer, dejarían de aparecer algunos poemas publicados.
Rescato frases valiosas -que quisiera propias-, afines a mi criterio, del señor Rafael Patiño:
“La autora posee una voz muy personal”
“El buen manejo del lenguaje se evidencia”
“La autora conquista su sitio en la poesía actual de nuestro país”
Se requiere obra para aventurarse a concretar antología personal. Intuyo que es complicado hacerlo, aquello de ser juez y parte es debatible. Como mínimo, insisto, se ha de contar con suficiente “material”. Si bien toda antología suele ser caprichosa e injusta con autores NO tenidos en cuenta, hacerla uno mismo, es someterse a feroz escrutinio de afinidades, nostalgias, vanidad. A veces se asume como especial favor que ejecuta el autor (o editor) en pos de favorecer al novel lector oportuna guía.


V


Fabular, fantasear suelen ser acciones comunes con respecto a la poesía, inevitables si se quiere. Coincidencias sobre reconocimientos, premios, loas hipotéticas o confesas son rastreables en todos los vates, en todos. Obvio que, ante ostracismos o auténtico talento, habiten seres menos propensos al aplauso, al acopio de medallas, laureles. ¿Cómo o quién no querría hacer parte de decantada selección de los “mejores” liróforos del país, continente, idioma, década, siglo, milenio? “En vida hermano, en vida”, en vida, si …
Barrunto que se necesitaría de lo mejor del talento que esgrimieran sociólogos, literatos, filósofos e incluso psicoanalistas para ejecutar rastreo de las ambiciones que revelara X poeta desde su juventud hasta la senectud. Es complicado, toneladas de documentos acumulados y expertos rebanándose el cerebro infiriendo conclusiones, especulaciones, concepciones sobre tan ambiguos propósitos. Terrible maraña, retórica bizantina; sin embargo, se persiste, incluso desde el más hermético de los silencios se filtran ecos.
Regreso al concepto “listado”. Luego de truculenta selección, invitadísimo versificador ha concluido (“parcialmente”) su prontuario de poetisas, por supuesto con su aclamada hermana. Llama la atención que tanto ella como la alguna vez hermosa Olga Helena Mattei -que como van las cosas llegará al siglo XXII- hayan recibido más manitos, corazoncitos y tontos apuntes. ¿Qué se quiso con eso? ¿Favores sensuales, convocaciones a Roldanillo, idas a bazares, cocteles, tardes de buñuelos y chocolate? ¡Carajo!, es listado parcial y a la vez demencial, promoviendo insulsas confesiones de supuesta exégeta del alcohólico inglés entre volcanes y excesivo tequila. Eugenia Sánchez aparece allí, también dos, tres voces que SÍ merecen atención, crítica, análisis.
País corrupto, país de favores, país de polarizaciones, país de fanáticos, país de enfermos, país de listados, país de poetas …


VI


Mientras avanzaba en estos apuntes, noticia luctuosa: ha muerto al que han llamado “el mejor lector del mundo”, George Steiner. Salvo frases, párrafos contundentes, desconozco la obra del finado. ¿Qué decir? Acudir al cliché: “en casa de herrero …” Tangente esta para considerar miradas-lecturas que pudiera tener un texto: ¡modelos, estructuras del análisis! Considero libro que publicara el instituto colombiano de cultura sobre la obra completa de Aurelio Arturo. Tras versos y versiones, hacia el final surgen diversas posturas sobre sus poemas, con merecido énfasis en “Morada al Sur”. Contrastes de lecturas, ejercicios matizados desde nostalgias hasta el desmembramiento de líneas, recurrentes en universidades de aquellas décadas. ¿Existe supra modelo de análisis literario, poético? No creo, observamos desde aquel ícono de “me gusta”, hasta descomunales tratados como los de Paz y Cortázar. No todos los poemas del X poeta merecen exégesis, ¿Cuáles sí? Trama de filias, afinidades. ¿Los que el autor-a antologiza son los mejores? Tal vez. Volviendo a Aurelio Arturo: es menos complicado allegarse a su obra completa, la misma que no rebasa la treintena de composiciones, pero con bibliografías vastas la truculencia selectiva tiende a volverse problemática. Sea, que cada quien opte por la introspección que considere menormente invasiva.
Leyendo a Eugenia, los poemas del libro referido, es agradable toparse no solo con atractivos poemas, sino con hermosos versos que quisieras propios. De entrada, empiezan a percibirse reiterativos -no trillados- conceptos, pertenecientes al amplísimo espectro significativo de la lírica, a su vocabulario recurrente: “espejo, tiempo, soledad, noche, ángeles, realidad, vacío, ausentes, infinitos”… El lenguaje hurga incansablemente en extender acepciones de sus palabras, profundizar hasta donde le sea posible en lo que ellas mueven al interior de la psiquis. Repulsiones son tan frecuentes como atracciones: así vivimos. Solemos confesar o darle relevancia a lo que nos atrae; empero, añadir lo que nos irrita, no debería ser conducta repulsiva para tanto timorato acomodaticio. Vale, tan inextricable obsesión que padecen demasiados por un patán mediocre como Breton y su cortejo de seguidores de pacotilla, podría entrar en conflicto con lo que pervivo, disfruto de un poeta como Georg Trakl: inevitable. Peor es cuando se filtran alegatos con respecto a poetisas, cualquier escasez es síntoma de misoginia. Desde aleatorias lecturas, admito limitación por poéticas femeninas, incluso a nivel orbital. ¿Colombianas?, caramba, con ese desquiciado listado (y aun parcial), se enviaron a la hoguera a no pocas inspiradas. Veamos, “mi lista” es espeluznantemente corta, apenas citaría diez nombres entre vivos y muertos como poetas de validez en esta nación de vates al por mayor y, de esa escueta cifra, menos de la mitad serían mujeres. ¿Quiénes?
Memorables versos suelen usarse a modo de epígrafes o citas, los hay en aceptable cantidad, permanecen, vencen años, reviven entre generaciones, el tiempo los ha selectado. Sea por roces, contactos tenues, ecos descifrados, he resaltado versos de Eugenia que los asumo casi íntimos, habitándolos, transitándolos, hallándome en ellos. No todos; de hecho, admito que hay textos de escasa atracción, bastante normal después de todo.
Sigo creyendo que, entre centenares, miles de poetisas y poetas, Eugenia, es de las muy pocas que se ha preocupado por el lenguaje, ha habitado fantasmas y cuenta con textos rescatables.  A falta de superior tautología sobre que, a lo sumo -más allá de farragosas aglomeraciones de líneas, estrofas-, apenas si sobreviven cinco, seis poemas, transcribo versos de Eugenia que me son perdurables, fraternos:
“Un ser invisible traza un camino que no deseo”
“En el largo corredor figuras escurridizas/se mueven ágilmente”
“Las cortinas se mecen provocando una danza/reiterada y extraña”
“Los vientos se toman mi ciudad”
“Ella que prefiere los sitios más ruidosos para no tener que/hablar”













Raúl Mejía Restrepo (Medellín 1963)  Poeta, licenciado en Español y Literatura de la Universidad de Medellín, algunos recientes libros publicados son, Diarios de fin de año (Alvida Impresores, Medellín 2019); Vidas de Fantasmas (Alvida Impresores, Medellín 2019); Épicas Urbanas (Léanlo Editores, Medellín 2017)





















No hay comentarios:

Publicar un comentario