Debo aclarar que este libro no fue antología personal, fue un libro nuevo con poemas hasta el momento inéditos o publicados ocasionalmente en alguna revista. ESN
I
Antaño, sin ir demasiado
atrás, se solían ofrecer libros a destacados sujetos, sean mecenas,
aristócratas, militares, religiosos, etc.; en suma, a quienes tuvieran poder.
No creo que haya variado mucho: abierta y soterradamente sigue ocurriendo. El
asunto de que alguien con prestigio -por supuesto- realice prólogo o reseña,
suele actuar como gancho o, escuetamente, evidencia de que existe “al menos”
alguien que sí leyó lo que aparece impreso. ¿Hacen falta dichos expertos? Hasta
donde sé escasean o reciben atractivo pago, convirtiéndose en discutible
especie de “mercenarios” de la crítica. El que uno mismo lo haga, salvo si eres
Borges, funciona poco si solo te conocen en centrales de riesgo o archivos de
la fiscalía. Vale que, en casos célebres, se cuenten con varios candidatos,
ejemplo: ¿quién no quisiera ofrecerse como prologuista de, digamos, la
truculenta Pizarnik o la enajenada Miss. Dickinson? Esto para no asomarse al
vanidoso panorama de las vacas sagradas de nuestra literatura. Es un lío y peor
si te allegas al ensayo con respecto a la obra parcial o total de un escritor,
sin importar demasiado que sea mujer, hombre o combinación de ambos. Hay
jerarquías de doctos, empero, aún para ellos, el espacio es reducido, casi
universitario a modo de tesis o afines.
II
Eugenia Sánchez Nieto
aparece, con méritos, en múltiples antologías. Antologías hechas desde hace
años y, a no dudar, seguirán teniendo en cuenta sus poemas en sucesivas. ¿Traducciones? Tal vez … El asunto de la traducción es
paradójico, supe de un personajillo, “monaguillo” recién le han acuñado, que
publicó libelo en español e inglés, infiriéndose que, a lo mejor, en ese otro
idioma exista algo de poesía, puesto que en su lenguaje nativo es
inencontrable. Ah caray, prebendas del elogio, vistiéndose cual árabe sin
petróleo o cacique montaraz, convidando a recitales, auto invitándose a otros,
mientras exótico tarot oculta su carta de mediocre.
Eugenia Sánchez ha
elaborado para aparecer en selectiva lista de la universidad “Externado”,
también en llamativa serie “50 POETAS COLOMBIANOS Y UNA ANTOLOGÍA”, de la cual
recibí ejemplar suyo. Posee blog notable, allí se vislumbra un menos sospechoso
listado de vates. Actriz, docente y partícipe de variopintos eventos
literarios. Datos biográficos en vida son fácilmente rastreables, ¿se
convierten en “necesarios” para hacerse a un lugar de privilegio en el
“infinito” parnaso colombiano? De hecho, el vocablo “infinito” (y variantes) es
torpe, lleno de lastres. ¿Parnaso colombiano? ¡Agh! A todas estas, ¿será
asequible dicho “Olimpo” lírico? La fila para hacer parte de él es, diablos,
como la palabreja de marras, “infinita”. ¿Es Eugenia Sánchez poeta importante,
esencial? Complicado hacerse a calificativos y desentonar con ellos, pudieran
ser analogía de desastroso maquillaje. ¿Ayudan vasta bibliografía, premios?
Vaya uno a saber, habitamos presente conspicuo, limitados por el tiempo.
“Tiempo”, él sabrá que adjetivos acuñará ante la poética de Eugenia.
III
Categorizaciones,
clasificaciones en poesía son peligrosos. Innegables ultrajes se han cometido
con respecto a la participación de la mujer en la cultura, literatura. ¿Tiene
género el poema? ¿Es viable proseguir con aquello de poesía femenina y/o
masculina? Discusión con talante de exponencial hacia lo absurdo, fanático,
burlesco. Si se admitiese tal distinción, ¿no tendrían cabida poesía
hermafrodita, lésbica (que la hay), homosexual (¡sí que la hay!), casta,
depresiva, tóxica? Sin mencionar tanta religiosa, social, en fin … ¿Es más
poeta la hembra o el macho? ¿Cómo saberlo? De nuevo referentes históricos,
permeados de hostigamiento hacia lo femenino; entonces, ¿es válido hacer
listados de poetas colombianas y poetas colombianos? “Si” y “no” dirían allí,
responderían allá. Ahora es un embrollo irse lanza en ristre contra ciertos
conglomerados haciendo acopio de posturas misóginas pues, como al taxista
impertinente, el linchamiento mediático sería contundente. ¿Revolución lírica
femenina, independencia, reivindicación?
No creo en listados, su
inmediato significado tiende a abrumar con cantidades y estas son
desesperantes, salvo que sean dinero e incluso … ¿Qué listado es completo?
Errar el hacerlo, horror al dejar por fuera a X, Y o Z. No es necesario
redescubrir lo caluroso del sol al repetir lo dicho: “demasiados poetas y muy
poca poesía”, no solo en aquel “infinito parnaso local”, sino en todo el
planeta, desde siempre. Muy pocos poetas, poquísimos y, sin embargo, estos
listados sobrepasan millones de nombres, ¿por qué? Las matemáticas no son muy
líricas, pero aportan cifras de espanto: ¡cientos de miles, millones de bardos
del pasado, presente, futuro! ¿Es posible? Si, muy posible. Sentirse a solas,
poco, desconocido, pudiera provocar depresiones; entre versos, publicaciones,
el anonimato es terrible, retador. En retahíla de aburrido docente de
literatura, “enseñar” que antes de la imprenta cualquier divulgación era
complicada e incluso en los primeros años de la imprenta. Ahora no, menos cuando
puedes publicar (si es que es esa la palabra correcta) folleticos con valor
neto de $800, inferior al costo de un tinto de regular calidad; que sea acto
fallido de “fallidos editores” es otra cosa, pero “he ahí tu libro, carta de
presentación como poeta, narrador”. Así de fácil. Ya no se usan papiros, piel
de cordero, códices elaborados o pesados lingotes de plomo, la tecnología ha
abierto caja de pandora de la obviedad, facilidad editorial y helos, libros,
libros por doquier.
IV
En gentil trueque, recibí
de la poeta su antología personal “DOMINIOS CRUZADOS”, de la colección “Caza de
Libros”, primera edición año 2010, ochenta páginas. En la portada foto de la
autora, rostro sereno, mirada atenta. En la contraportada palabras del escritor
y traductor Rafael Patiño Góez. En primera de las solapas leemos datos
biográficos, estudios, premios y bibliografía. En segunda solapa índice
alfabético de aedos. La selección de poemas abarca estos títulos: I. Lo que
oculta el espejo. II. Belleza partida. III. Ventura del deseo, en total sesenta
y cuatro poemas. Desde esa fecha de aparición al presente han transcurrido diez
años, si existe o hubiese segunda edición, se aunarían otros textos, probables
correcciones y como suele acaecer, dejarían de aparecer algunos poemas
publicados.
Rescato frases valiosas
-que quisiera propias-, afines a mi criterio, del señor Rafael Patiño:
“La autora posee una voz
muy personal”
“El buen manejo del
lenguaje se evidencia”
“La autora conquista su
sitio en la poesía actual de nuestro país”
Se requiere obra para
aventurarse a concretar antología personal. Intuyo que es complicado hacerlo,
aquello de ser juez y parte es debatible. Como mínimo, insisto, se ha de contar
con suficiente “material”. Si bien toda antología suele ser caprichosa e injusta
con autores NO tenidos en cuenta, hacerla uno mismo, es someterse a feroz
escrutinio de afinidades, nostalgias, vanidad. A veces se asume como especial
favor que ejecuta el autor (o editor) en pos de favorecer al novel lector
oportuna guía.
V
Fabular, fantasear suelen
ser acciones comunes con respecto a la poesía, inevitables si se quiere.
Coincidencias sobre reconocimientos, premios, loas hipotéticas o confesas son
rastreables en todos los vates, en todos. Obvio que, ante ostracismos o auténtico
talento, habiten seres menos propensos al aplauso, al acopio de medallas,
laureles. ¿Cómo o quién no querría hacer parte de decantada selección de los
“mejores” liróforos del país, continente, idioma, década, siglo, milenio? “En
vida hermano, en vida”, en vida, si …
Barrunto que se
necesitaría de lo mejor del talento que esgrimieran sociólogos, literatos,
filósofos e incluso psicoanalistas para ejecutar rastreo de las ambiciones que
revelara X poeta desde su juventud hasta la senectud. Es complicado, toneladas
de documentos acumulados y expertos rebanándose el cerebro infiriendo
conclusiones, especulaciones, concepciones sobre tan ambiguos propósitos.
Terrible maraña, retórica bizantina; sin embargo, se persiste, incluso desde el
más hermético de los silencios se filtran ecos.
Regreso al concepto
“listado”. Luego de truculenta selección, invitadísimo versificador ha
concluido (“parcialmente”) su prontuario de poetisas, por supuesto con su
aclamada hermana. Llama la atención que tanto ella como la alguna vez hermosa
Olga Helena Mattei -que como van las cosas llegará al siglo XXII- hayan
recibido más manitos, corazoncitos y tontos apuntes. ¿Qué se quiso con eso?
¿Favores sensuales, convocaciones a Roldanillo, idas a bazares, cocteles,
tardes de buñuelos y chocolate? ¡Carajo!, es listado parcial y a la vez
demencial, promoviendo insulsas confesiones de supuesta exégeta del alcohólico
inglés entre volcanes y excesivo tequila. Eugenia Sánchez aparece allí, también
dos, tres voces que SÍ merecen atención, crítica, análisis.
País corrupto, país de
favores, país de polarizaciones, país de fanáticos, país de enfermos, país de
listados, país de poetas …
VI
Mientras avanzaba en
estos apuntes, noticia luctuosa: ha muerto al que han llamado “el mejor lector
del mundo”, George Steiner. Salvo frases, párrafos contundentes, desconozco la
obra del finado. ¿Qué decir? Acudir al cliché: “en casa de herrero …” Tangente
esta para considerar miradas-lecturas que pudiera tener un texto: ¡modelos,
estructuras del análisis! Considero libro que publicara el instituto colombiano
de cultura sobre la obra completa de Aurelio Arturo. Tras versos y versiones,
hacia el final surgen diversas posturas sobre sus poemas, con merecido énfasis
en “Morada al Sur”. Contrastes de lecturas, ejercicios matizados desde
nostalgias hasta el desmembramiento de líneas, recurrentes en universidades de
aquellas décadas. ¿Existe supra modelo de análisis literario, poético? No creo,
observamos desde aquel ícono de “me gusta”, hasta descomunales tratados como los
de Paz y Cortázar. No todos los poemas del X poeta merecen exégesis, ¿Cuáles
sí? Trama de filias, afinidades. ¿Los que el autor-a antologiza son los
mejores? Tal vez. Volviendo a Aurelio Arturo: es menos complicado allegarse a
su obra completa, la misma que no rebasa la treintena de composiciones, pero
con bibliografías vastas la truculencia selectiva tiende a volverse
problemática. Sea, que cada quien opte por la introspección que considere
menormente invasiva.
Leyendo a Eugenia, los
poemas del libro referido, es agradable toparse no solo con atractivos poemas,
sino con hermosos versos que quisieras propios. De entrada, empiezan a
percibirse reiterativos -no trillados- conceptos, pertenecientes al amplísimo
espectro significativo de la lírica, a su vocabulario recurrente: “espejo,
tiempo, soledad, noche, ángeles, realidad, vacío, ausentes, infinitos”… El
lenguaje hurga incansablemente en extender acepciones de sus palabras,
profundizar hasta donde le sea posible en lo que ellas mueven al interior de la
psiquis. Repulsiones son tan frecuentes como atracciones: así vivimos. Solemos
confesar o darle relevancia a lo que nos atrae; empero, añadir lo que nos
irrita, no debería ser conducta repulsiva para tanto timorato acomodaticio.
Vale, tan inextricable obsesión que padecen demasiados por un patán mediocre
como Breton y su cortejo de seguidores de pacotilla, podría entrar en conflicto
con lo que pervivo, disfruto de un poeta como Georg Trakl: inevitable. Peor es
cuando se filtran alegatos con respecto a poetisas, cualquier escasez es
síntoma de misoginia. Desde aleatorias lecturas, admito limitación por poéticas
femeninas, incluso a nivel orbital. ¿Colombianas?, caramba, con ese desquiciado
listado (y aun parcial), se enviaron a la hoguera a no pocas inspiradas. Veamos,
“mi lista” es espeluznantemente corta, apenas citaría diez nombres entre vivos
y muertos como poetas de validez en esta nación de vates al por mayor y, de esa
escueta cifra, menos de la mitad serían mujeres. ¿Quiénes?
Memorables versos suelen
usarse a modo de epígrafes o citas, los hay en aceptable cantidad, permanecen,
vencen años, reviven entre generaciones, el tiempo los ha selectado. Sea por
roces, contactos tenues, ecos descifrados, he resaltado versos de Eugenia que
los asumo casi íntimos, habitándolos, transitándolos, hallándome en ellos. No
todos; de hecho, admito que hay textos de escasa atracción, bastante normal
después de todo.
Sigo creyendo que, entre centenares, miles de poetisas y poetas, Eugenia, es de las muy pocas que se ha preocupado por el lenguaje, ha habitado fantasmas y cuenta con textos rescatables. A falta de superior tautología sobre que, a lo sumo -más allá de farragosas aglomeraciones de líneas, estrofas-, apenas si sobreviven cinco, seis poemas, transcribo versos de Eugenia que me son perdurables, fraternos:
Sigo creyendo que, entre centenares, miles de poetisas y poetas, Eugenia, es de las muy pocas que se ha preocupado por el lenguaje, ha habitado fantasmas y cuenta con textos rescatables. A falta de superior tautología sobre que, a lo sumo -más allá de farragosas aglomeraciones de líneas, estrofas-, apenas si sobreviven cinco, seis poemas, transcribo versos de Eugenia que me son perdurables, fraternos:
“Un ser invisible traza
un camino que no deseo”
“En el largo corredor
figuras escurridizas/se mueven ágilmente”
“Las cortinas se mecen
provocando una danza/reiterada y extraña”
“Los vientos se toman mi
ciudad”
“Ella que prefiere los
sitios más ruidosos para no tener que/hablar”
Raúl Mejía Restrepo (Medellín 1963) Poeta, licenciado en Español y Literatura de la Universidad de Medellín, algunos recientes libros publicados son, Diarios de fin de año (Alvida Impresores, Medellín 2019); Vidas de Fantasmas (Alvida Impresores, Medellín 2019); Épicas Urbanas (Léanlo Editores, Medellín 2017)


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